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1. El Proceso de Construcción Europea.

2. La Identidad Europea.

3. La Europa de los Jóvenes.

EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN EUROPEA


¿Cómo hemos llegado aquí?

Lo que hoy se llama Unión Europea surge como respuesta necesaria para afrontar las devastadoras consecuencias de las dos guerras mundiales que asolaron el territorio europeo durante la primera mitad del siglo pasado.

Las Comunidades Europeas se configuran así, desde su creación en 1957, como una unión meramente económica capaz de establecer un mercado único europeo en el que mercancías y capitales circulen libremente.

Posterior y gradualmente, este objetivo inicial se ha ido ampliando hasta enriquecerse con un conjunto de medidas y de políticas de carácter social. Y es a partir de 1992, con el Tratado de Maastricht, cuando el proceso de integración europea ha crecido a un ritmo rapidísimo donde la aparición de políticas y acciones comunes desbordan muy claramente los planteamientos iniciales.

El resultado final, o el que hoy vivimos, es el que las antiguas Comunidades Europeas se han convertido en una organización compleja. Casi podemos hablar de un verdadero "Estado Europeo" cuyas particularidades más importantes serían las siguientes:

  • Un parlamento elegido democráticamente por todos los ciudadanos de la Unión Europea, que actúa como representante de todos los pueblos europeos para conseguir objetivos comunes.

  • Un mecanismo propio de gobierno, ciertamente peculiar pero en definitiva gobierno, constituido por la actuación combinada del Consejo de Ministros y de la Comisión Europea.

  • Unas verdaderas normas jurídicas de obligado cumplimiento para los Quince Estados miembros y para sus ciudadanos, con un sistema judicial propio.

  • Un Tribunal de Primera Instancia al que pueden acudir directamente los ciudadanos de Europa en solicitud de protección judicial cuando crean que sus derechos han sido vulnerados.

  • Una bandera, un himno, un "día de Europa", un pasaporte similar para todos los ciudadanos y, en general, un conjunto de elementos simbólicos que contribuyen a reforzar nuestra pertenencia a un colectivo más amplio que el nacional, exclusivo hasta el momento.

  • Estas señales de que nuestra vida se desarrolla y se ve afectada decisivamente por decisiones que se adoptan en este "nuevo Estado" aún van a cobrar más fuerza con medidas como la introducción del Euro.

  • Además va tomando fuerza la denominada "Política Exterior y de Seguridad Común" (PESC), donde la participación de Europa en las relaciones internacionales sea de una voz única, desempeñando un papel cada vez más relevante en la superación de situaciones bélicas e injustas.

Ahora bien, estamos asistiendo al nacimiento de una organización política que, independientemente de su denominación -"Estados Europeos, "Federación Europea", "Federación de Estados-Nación", "Estados Unidos de Europa", etc-., constituye sin duda una nueva realidad. ¿Qué papel desempeñamos verdaderamente nosotros los ciudadanos? ¿estamos debidamente informados? ¿somos consultados? ¿no nos quedan muy lejos las decisiones que cada día se toman? ¿se nos pregunta por el futuro que queremos? ¿se nos tiene en cuenta?

La respuesta sería muy compleja pues sabemos que no es fácil, pero contundentemente podemos decir que el proceso de construcción europea, de la "casa" en la que todos viviremos, se está haciendo al margen de sus habitantes. Sin contar con su expresión y, lo que es peor, sin informarles y así dejar que tengan una opinión fundamentada.

Por eso es el momento de recuperar el protagonismo participando activamente. Tal exigencia se ha hecho aún más evidente con el Tratado de Niza, celebrado durante febrero de 2001, donde se discutió sobre la ampliación a una Unión Europea de 27 miembros y se hizo una llamada a círculos políticos, económicos, universitarios, asociaciones, etc., para que se expresaran en el debate sobre el futuro de la UE.


La Unión Europea como reto a la Globalización

La globalización es un proceso dinámico de creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios y cultura. La tecnología es uno de los factores que han contribuido más decisivamente a este proceso. Los costes caen y algo tan fundamental como la comunicación tiene un coste simbólico (en 1930 una llamada a Nueva York costaba 300 Euros/50.000 ptas.; 50 Euros/8.500 ptas. en 1960, y actualmente menos de un Euro/166 ptas.). Hoy día procesar información, intercambiarla a altas velocidades es muy normal en países desarrollados. Todo estos cambios llevan a una nueva Sociedad: la Sociedad de la Información.

La globalización no sólo se ha convertido en una de las palabras más utilizadas para bien o para mal por políticos, economistas, empresarios, intelectuales, sino que también es la "cabeza de turco" a la que se echa la culpa de todo aquello que no va bien.

Es cierto que este fenómeno genera temor por sus consecuencias negativas. Pues como siempre, la riqueza se concentra en unos pocos y se suprimen los derechos de la mayoría. Queda muy visible la ausencia de foros así como mecanismos de ordenación y control que también sean globales y que tengan una influencia y un grado de decisión importantes.

Ahora bien, en cuanto que representa un importante e indiscutible avance para la movilidad social, el intercambio cultural y el desarrollo económico mundial, la globalización en sí misma no tiene por qué ser negativa. Pero como todo cambio profundo y trascendental plantea problemas de equidad ya que habrá personas y países que no saldrán tan beneficiados de dicho progreso o quedarán excluidos.

Por eso, comprender la palabra trae consigo saber que para que la globalización tenga un amplio apoyo y sea un éxito habrá que evitar que haya perdedores netos y ayudar a estos a que mejoren y superen su situación. Ante problemas globales, soluciones globales. Así piensa IDSE.

La Unión Europea fue pionera porque por primera vez en la Historia, naciones cedieron voluntariamente parte de su soberanía a favor de instituciones comunes con competencias propias y diferenciadas.

La UE constituye hoy, sin duda, el mejor instrumento para afrontar con éxito los retos e incertidumbres de la nueva realidad mundial surgida tras la aparición de la globalización y de la revolución tecnológica ya que ninguno de los países miembros tiene por sí, aisladamente, capacidad para actuar con verdadero poder de decisión en el nuevo escenario mundial.

Por tanto sólo una Europa fuertemente integrada y dotada de cada vez más políticas propias y de un mayor grado de cooperación puede garantizar una presencia europea relevante en el escenario mundial.

Son evidentes los riesgos, pero son las oportunidades y expectativas las que deben servir de estímulo a todos los ciudadanos europeos para promover una participación en asuntos que afectan a todos, todos los días, posibilitando una "conciencia europea" que nos sitúe en las mejores condiciones para afrontar la nueva era de la información y el conocimiento.


LA IDENTIDAD EUROPEA


¿Qué es ser europeo?

La Historia de Europa nos muestra cómo las unidades políticas y, en especial, los Estados se han constituido a partir del reconocimiento de unos rasgos de identidad común.

Rasgos como la etnia, la religión y el idioma se han usado como elementos unificadores que definen y otorgan características propias a los ciudadanos de los diferentes Estados-Nación. En otras palabras, lo que nosotros conocemos por Estado se caracteriza por tener unas peculiaridades nacionales propias.

Pero la cuestión está en que esta identificación no en todos los casos ha sido aceptada voluntaria ni unánimemente; de modo que el problema de las minorías nacionales ha permanecido intacto durante décadas y ha causado la mayor parte de conflictos bélicos que ha conocido Europa.

En Bélgica o España se habla más de un idioma, en los Países Bajos o en Alemania se practican dos religiones diferentes y en los nuevos Estados que se van a incorporar a la Unión Europea existen importantes minorías nacionales que se expresan en otro idioma, tienen otros rasgos étnicos diferentes y su historia es diferente a la mayoritaria.

Es decir, los Estados de Europa no son tan similares como pudiera pensarse y no siempre se corresponden con una única identidad nacional. Además, la cuestión de cuál es la identidad colectiva de los ciudadanos europeos se ha hecho más compleja en los últimos años con la creciente inmigración de personas procedentes de otros Estados, con religiones y tradiciones culturales muy diferentes. Por eso la identidad de los "viejos Estados" europeos está resultando seriamente alterada.

El problema que plantea la Unión Europea es precisamente que no es posible utilizar este criterio lingüístico, étnico o religioso para buscar un elemento común que identifique a todos los ciudadanos europeos. Europa está aún lejos de contar con un único idioma europeo, lo que además no sería deseable, así como que sus habitantes se consideren miembros de una única nación.

Sin embargo, a pesar de estas desigualdades y de esta cultura necesariamente heterogénea, el mayor logro de la integración europea es que ha hecho posible la existencia de una organización política que tiene en cuenta a todos los Estados europeos y que cuenta con instituciones políticas comunes con las que todos los europeos nos sentimos identificados.

Es pues, la creación de un único espacio político europeo lo que nos da la posibilidad de que las diferencias entre personas por razón de su origen o lengua ocupen un segundo lugar y lo prioritario sean los individuos en cuanto que ciudadanos de la Unión Europea. La Unión Europea debe ser vista como una oportunidad única e histórica para solucionar los conflictos nacionales que han azotado Europa durante años.

Desde los años 50 hay una preocupación por definir los elementos comunes que caracterizan la identidad europea.

En primer lugar los europeos contamos con una Historia común y compartida. Es evidente que la Historia de cualquiera de los Estados europeos no es comprensible si no se pone en relación con la de sus vecinos hasta el punto de que siglos de conflicto, aunque también de convivencia, han modulado el modo de ser de cada uno de ellos.

Asimismo, podríamos referirnos a una filosofía común y a lo que se suele llamar "pensamiento occidental". El pensamiento del hombre europeo tiene un origen remoto en la filosofía griega, eminentemente humanista y valorativa del individuo, que luego fue reinterpretada por Roma y que recibió una importante aportación del pensamiento cristiano, en especial durante la Edad Media.

Es así como fenómenos culturales como el Gótico, el Renacimiento, la Ilustración o el Romanticismo son movimientos culturales que de una u otra manera, aunque con intensidad variable, han vivido todos los Estados europeos. Por este motivo el diseño gráfico de las próximas monedas y billetes, nuestros euros, tendrán estos fondos que nos hagan pensar en la referencia cultural y artística compartida por todos los europeos siglos atrás.

Se ha hablado también de una Seguridad Común que recuerda la necesidad imperiosa de la Europa de la Guerra Fría, cuando la rivalidad de las dos superpotencias amenazaban la paz y la seguridad del continente con un posible conflicto bélico en el escenario europeo. Y más cuando el peligro bélico va desapareciendo y va siendo reemplazado, como nuevo referente común, por el interés económico, el progreso y el bienestar.

¿Son suficientes estos elementos para la creación de una unidad política en Europa?

Europa puede alcanzar una unidad política pero difícilmente se podrá hablar de una "nación europea", al menos durante bastantes años. Los rasgos que identifican a un pueblo, los rasgos de su identidad, sus recuerdos, sus olvidos intencionados, sus tradiciones y su experiencia política propia pueden ser entendidos por sus vecinos pero no necesariamente compartidos o asumidos.

Los planteamientos políticos cambian. Si durante el siglo XIX se configura una identificación entre Estado-Nación, la UE que estamos construyendo no implica necesariamente la creación de una única "nación europea", pues hoy en día la Globalización y la Mundialización la hacen innecesaria.

Hoy, Europa se configura como un espacio de bienestar económico y social en el que el hombre puede desplegar libremente sus inquietudes y deseos; con lo que resulta fundamental el interés por mantener este modo de vida.

Se ha abierto paso en los últimos años la creencia de que la verdadera unidad de un colectivo como el europeo no es tanto su etnia, religión o grupo nacional y sí su adhesión voluntaria a unos valores de libertad y democracia que se personifiquen y sean definidos por unas instituciones democráticas. Es lo que se viene llamando "patriotismo constitucional" que reconoce que los europeos manifestamos nuestro patriotismo mediante nuestra voluntaria aceptación de los valores propios de un Estado Social y Democrático de Derecho. Todos estos principios han sido asumidos y defendidos por las instituciones de la Unión Europea y se han visto completados con la adopción de la Carta de los Derechos Fundamentales que asume estos valores culturales tradicionales que rea-firman nuestra identidad común.

En suma, el ser Europeo hoy día, es vivir y querer vivir en una sociedad en el que la libertad individual esté garantizada, en la que se acepte y defienda la opción de que cada individuo pueda actuar libremente, sin más límites que los que la convivencia y tolerancia hagan necesarios y en la que se exija al poder público el respeto de estos principios, así como que tome las medidas necesarias para garantizar la igualdad y la solidaridad entre todos los hombres y mujeres.


Nuestra UE

Este conjunto de valores constituye la aportación de Europa al resto de la humanidad de una determinada visión del mundo, de una peculiar manera de entender las relaciones políticas, económicas y sociales que nos caracterizan y, por tanto, nos distinguen frente a otros pueblos y sociedades.

Los rasgos de ese "modelo europeo de sociedad" con los que IDSE se siente plenamente identificada en su condición de organización juvenil comprometida en la defensa de la idea de Europa son los siguientes:

  • Una Europa como un espacio de pluralidades culturales, de modo que sea tolerante con la diversidad cultural y étnica existente en su seno. Es decir, que la "identidad" de Europa no lleve a la anulación de las diferentes "identidades" culturales que en ella conviven, sino que, por el contrario, en la base de la idea europea debe entenderse tal diversidad cultural como parte de nuestro patrimonio. La multiplicidad cultural y lingüística no debe ser un elemento disgregador, y sí enriquecedor.

  • Una Europa como una comunidad de valores, y en primer lugar los valores de libertad y de respeto a los derechos humanos, así como los de solidaridad, igualdad y cohesión social que hagan del ámbito europeo un lugar con verdadera concepción democrática.

    Es en este contexto donde han de insertarse un conjunto de propuestas en las que IDSE cree firmemente y a cuya difusión y expansión quiere contribuir en la medida de sus posibilidades. En la profundización de las instituciones europeas, en la redacción de una Constitución Europea que simplifique los seis Tratados existentes y en una Carta de los Derechos Fundamentales donde queden formalmente consagrados el conjunto de derechos y principios garantizados a todos los ciudadanos europeos.

  • Una Europa con vocación de defender la paz y la democracia en el mundo, desempeñando un papel de primer orden como factor de equilibrio en el ámbito internacional y como garantía de la estabilidad mundial. Esto no significa una política exterior común o de una defensa común, sino que también fundamentalmente la apuesta de un liderazgo mundial en la implantación de un marco estable, de unas reglas del juego para el desarrollo de los países pobres y el buen funcionamiento de la economía global.

    En definitiva, una Europa que tenga como una clara seña de identidad propia no sólo la de ser un espacio de paz y estabilidad para la resolución de sus propios conflictos, sino también la de asumir plenamente su compromiso en el orden mundial como potencia al servicio de los valores de la paz, la solidaridad y el pluralismo.

  • Una Europa en la vanguardia de las políticas globales de protección del medio ambiente, asumiendo un papel protagonista principal en la defensa de un desarrollo sostenible y duradero que hoy más que nunca debe construir un objetivo primordial de la construcción europea. Es decir una apuesta clara y decidida por la implantación de un modelo de gestión medioambiental responsable, claro y eficaz.

  • Una Europa del Conocimiento, donde la innovación científica y tecnológica, la educación y la formación deben ser la clave para el desarrollo del futuro con el propósito de crear políticas que preparen a los ciudadanos europeos, y especialmente a los jóvenes, para afrontar en mejores condiciones los retos derivados de la sociedad de la información y la globalización.

    En este sentido se considera prioritario promover una política de I+D común; favorecer permanentemente el intercambio de profesores, investigadores y estudiantes, así como el reconocimiento de títulos académicos y profesionales; posibilitar la enseñanza obligatoria de, al menos, dos lenguas diferentes de la propia, y fomentar una enseñanza de la historia que sirva como vehículo para un mejor conocimiento de las diversas culturas y pueblos europeos y que contribuya así a la formación de un cierto "espíritu europeo".

  • Una Europa capaz de ver hasta dónde puede y debe llegar, manteniendo la coherencia de sus valores y NO queriendo ser una superpotencia que controle todo y a todos, y SÍ la primera en tener una voz y una posición constante siembre en defensa de la libertad, seguridad e igualdad de cada persona. Ser líderes en la defensa de la educación e igualdad de condiciones para todos.


LA EUROPA DE LOS JÓVENES


Queremos formar parte

A menudo se hace hincapié en la fuerza e ilusión, el esfuerzo, la imaginación, la creatividad de los jóvenes. La realidad es otra: ¿acaso no es contradictorio con lo poco que podemos decir, lo mucho que tenemos que hacer y luchar para poder expresar lo que pensamos y la dejadez que este sistema de "jóvenes a un lado" ha ido produciendo?

Por eso IDSE hace una llamada para cambiar todo esto, denunciando lo poco que se nos tiene en cuenta.

"La Unión Europea" esas tres palabras que oímos en todas partes, o esos llamativos anuncios que vemos en el metro de 6 E = 1000 Ptas., o incluso la familia García dando consejitos sobre los céntimos etc., no sirven de nada si no se hacen partícipes a los ciudadanos.

Es evidente la necesidad de familiarizarnos con todo lo que está cambiando, pero los Gobiernos no están por la labor de ayudarnos a comprender e informar sobre todo lo que conlleva ser europeos. Ante la poca, mala o nula información es lógico el desinterés y la desilusión en la idea europea, pues parece que todo consiste en la creación de una moneda única.

IDSE os invita a creer que no es así, que todo es mucho más real y próspero que lo que nos hacen creer, que la Unión Europea no son sólo 166,386 pesetas.

Por el contrario la UE es algo más, la Unión Europea nos ofrece a todos, y en especial a los jóvenes, un gran abanico de posibilidades. Entendemos que la Europa de los jóvenes será la realidad que nos va a tocar vivir y que será el resultado de todo lo que se haga ahora. Por eso no queremos que esta construcción nos sea ajena. Si vamos a vivir en una casa, el mayor privilegio y fundamental derecho es poder elegir los colores y las formas que ésta va a tener. Debemos saber que existen asociaciones, foros, debates sobre lo que está sucediendo en la sociedad y en particular sobre el proceso de la UE. Es interesante saber que hay conferencias, que la UE se mueve, crece, que se fomenta la convivencia entre diferentes culturas, que hay intercambios de estudiantes (aunque las becas sean "poco generosas").

En definitiva, tenemos a nuestro alcance los suficientes medios para aprender, hacer que los demás (menos favorecidos) aprendan, formarnos, formar, culturizarnos y divertirnos en un proyecto lleno de oportunidades, en la Europa de hoy en día.


Objetivos de IDSE

IDSE pretende que los jóvenes estén más involucrados en todos los aspectos de la Unión Europea. Para ello pide y quiere una sociedad donde, en especial los jóvenes, sean debidamente informados y consultados.

IDSE desea que los jóvenes presionen en aquello que no ven justo y que propongan cambios y los lideren. Por eso, piensa llevar nuevas tendencias, iniciativas, propuestas, alternativas.

IDSE considera que la movilidad de personas es el medio adecuado para comprender la diversidad de las culturas de los Estados miembros. Es por eso que queremos intensificar la cooperación con asociaciones análogas de otros Estados miembros.

IDSE pide una actividad rigurosa y eficaz para combatir el fenómeno de la exclusión y del racismo, particularmente mediante la educación. Afirmamos, pues, la especial importancia de informar e incentivar a sus Socios en todo aquello relacionado con la "idea europea", y que al mismo tiempo los jóvenes procedentes de la inmigración puedan conocer su cultura de origen.

IDSE anima a los jóvenes a participar activamente en la sociedad, en particular por el cauce de las asociaciones y organizaciones sin fines lucrativos.

De ahí que IDSE quiera llevar a cabo materiales informativos, organizar reuniones, seminarios preparatorios y crear una red asociativa capaz de informar y concienciar al mayor número de personas.

En definitiva, IDSE -Inquietud y Dinámica de la Sociedad Europea- quiere promover una ciudadanía activa comprometida en la búsqueda de una igualdad de oportunidades y condiciones para todos.

   
   
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